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Arquitectura, bodegas y vino

Si como lector de este blog es usted una persona interesada en todo aquello que rodea al mundo del vino, o si simplemente es un mero observador en estos temas, le habrá bastado echar un vistazo a lo largo de nuestras carreteras, o incluso calles de nuestras ciudades, para darse cuenta de la íntima relación que han alcanzado en los últimos tiempos dos conceptos que a priori no tendrían porqué estar tan íntimamente ligados como son arquitectura y vino.

Probablemente la principal razón para esta simbiosis debemos buscarla en el inmenso crecimiento del interés por el vino en España. Es cierto, sin embargo, que esta relación ha sido muy cercana siempre, como así lo atestiguan grandes ejemplos de arquitectura como las Cavas Codorniu, o muchas bodegas jerezanas o riojanas (Eiffel fue el encargado de diseñar el techo de las bodegas de Cvne en Haro por ejemplo). Si bien desde siempre hemos contado con una cantidad de regiones vinícolas de primera categoría (La Rioja, Penedés, Jerez…), hoy se suman a ellas gran número de nuevas zonas que elaboran caldos de enorme calidad. La competitividad del mercado vinícola y un público cada vez más proclive a visitar bodegas como un elemento turístico más, hacen que los empresarios vinícolas buscaran (antes de que la burbuja estallara) nuevas e impactantes formas de contentar al visitante.

La importancia que en nuestra sociedad han adquirido los arquitectos de renombre ha facilitado que muchas bodegas orienten gran cantidad de sus esfuerzos económicos a encargar proyectos de remodelación o creación de estructuras únicas y originales que le aporten personalidad a sus bodegas y, por ende, a sus vinos. No solo se busca construir un edificio que sea eficiente desde el punto de vista enológico, sino que sea de una firma reconocible y origine en el público la necesidad de visitarlo, más allá de la excelencia de las uvas que acogen sus viñedos. Algunas bodegas son emblemas o marcas en sí para las bodegas. Los proyectos arquitectónicos tienen que respetar el proceso de elaboración: impedir la manipulación del vino lo más posible, hacer que las trasiegas resulten sencillas, que la descarga de la uva respete al fruto, evitar muchos movimientos de las barricas al llevarlas al lavado, etc. Pero más allá de estas cuestiones, está la indudable impronta que el arquitecto deja para la posteridad: el viñedo, el vino, las generaciones de la bodega deben quedar plasmadas en la obra más evidente (por su volumen) que acoge, guarda y ver dormir a los vinos de la casa.

Si bien sobre gustos nada hay escrito, es imposible rendirse a la evidencia del gran valor arquitectónico de mucha de nuestras bodegas. en este caso no caben excusas relacionadas con los gustos personales de cada uno, ya que podemos encontrar desde edificios con una estética rompedora como puede ser la bodega Marqués de Riscal y sus hojas de acero que se curvan de maneras imposibles; hasta otros de belleza tradicional, que mantienen su estructura original con nuevos edificios añadidos como la bodega Señorío de Otazu (que cuenta además en sus terrenos con elementos arquitectónicos únicos como un Palacio del S.XVI o una Torre de Defensa del S.XIV).

Pudiendo optar también por la mezcla de tradición y modernidad, como la que encontramos en la bodega de Protos, con sus edificios modernos y el castillo de Peñafiel al fondo, vigilante de sus viñedos. La variedad es inmensa.

Como decíamos al principio, si aún no se ha dado cuenta de la increíble variedad arquitectónica que adorna hoy nuestras bodegas, será porque no se ha fijado, o quizás debería mirar de nuevo ese edificio que creía que era un museo, tal vez se sorprenda…

Os dejamos un enlace a un video de bodegas de España que muestra la variedad de las bodegas de España. En él la arquitectura queda plasmada en toda su amplitud. Aunque la mejor forma de admirar esta realidad arquitectónica es tomarse el tiempo de recorrer y visitar las bodegas de España.

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