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Cursos de cata: amenos, didácticos y divertidos

Un curso de cata de vino debe tener una finalidad formativa sobre el vino. Si bien el mundo del vino es de por sí muy atractivo, un curso de cata tiene el riesgo de convertirse en una sucesión de palabros técnicos que hagan desconectar al oyente, el cual permanecerá en estado de ausencia mental, hasta el consabido momento de la cata en el cual prácticamente todo el mundo suele poner los cinco sentidos. Con esto lo que habremos conseguido por parte del alumno es que recite la célebre frase: “yo he probado pero no entiendo de vinos”. Como si entender de vinos fuera algo estratosférico sólo reservado a unos pocos gurús. Ofrecemos cursos de cata en los que, de forma general, buscamos los elementos que os vamos a describir a continuación. Ofrecemos también cursos de cata para regalo, y como es normal, quien regala se quiere quedar bien tranquilo de que el regalo gustará a quien lo recibe.

Para “saber de vinos” hay que dominar unos cuantos conceptos y unos cuantos términos para poder expresarse; el resto es divertirse aprendiendo, compartiendo experiencias y sobre todo haciendo un ejercicio de “memorización organoléptica” a la hora de probar tantos vinos (lo que normalmente suele ser un gran placer) como sea posible. El alumno debe tener claro que tiene el resto de su vida para seguir aprendiendo y para seguir sintiéndose un aprendiz (absolutamente nadie en el mundo lo sabe todo sobre el vino). El procedimiento habitual durante un curso de cata es que la persona que hace de guía, presuponemos que se trata de un buen conocedor del mundo del vino, explica las singularidades de los diferentes tipos de vino que se van a catar mientras invita a sus participantes a probarlos y a percibir sus propiedades durante las tres célebres fases de la cata: visual, olfativa y en boca. Pero para que todo esto sea un éxito, es decir, que la memoria de los asistentes trabaje sin esfuerzo, se requiere que el curso sea muy participativo, divertido e interactivo a base de juegos, preguntas, comparativas y fomentando la competencia entre los miembros del grupo con concursos y premiando los aciertos. Nunca hay errores, el ejercicio de la cata tiene un elevado componente subjetivo, por lo tanto no puede haber miedo a equivocarse.

Todos los asistentes deben contar con una hoja de puntuación y comentarios desde el primer momento del curso de cata de vino. Una vez explicado y catado cada vino, los participantes pueden proceder a puntuar el vino y a dar las observaciones que estimen oportuno. En este momento hay que evitar que la gente intercambie opiniones para evitar contaminación en la opinión entre alumnos. Aquí hay que hacer hincapié en los comentarios y fomentar la discusión. Además del trabajo individual hay que diseñar grupos, éste es el mejor momento para generar competencia mediante juegos y concursos. Cada grupo tendrá un delegado que deberá transmitir a todos al final de la cata cuáles son los vinos considerados “mejores”. Es el momento de generar una discusión intergrupal sobre dichos resultados.

Es muy importante proporcionar comida o aperitivos mientras se catan los vinos. Durante un curso de cata la idea de esto sería para generar buen ambiente y para evitar que la boca se colmate o que los sentidos puedan contaminarse por el recuerdo del vino anterior (especialmente con los vinos muy persistentes). En una cata más formal sólo suele haber colines o panecillos. Sin embargo, como hemos dicho anteriormente en el transcurso de un curso de cata la idea es disfrutar durante el aprendizaje y para ello, dependiendo de los vinos a catar (aquí ya estaríamos ante un ejercicio de maridaje) siempre son de ayuda además de los colines unas tapitas cocinadas o bien quesos, embutidos, olivas, frutos secos, encurtidos... Al finalizar, que cada participante se sirva una copa de su vino favorito; ahora los asistentes tendrán la oportunidad de beber, comer y departir en un ambiente festivo hasta que se acaben el vino y los aperitivos.

Un buen juego sería que los miembros de la cata traten de hacer observaciones positivas o negativas al maridaje de los distintos aperitivos con que se ameniza la cata con los vinos que están catando.

Vamos a hablar de lo que son una cata vertical y una cata horizontal. Si contamos con diferentes marcas de vino de la misma Denominación de Origen pero todos ellos son de la misma añada estaríamos ante una cata horizontal. De esta manera podemos comparar vinos dentro de unos parámetros climatológicos similares y teniendo en cuenta que en una D.O. suele haber una serie de varietales y de suelos definidos para así poder centrarnos en las diferencias entre bodegas (a nivel de viñedo y por tanto de calidad de uva, así como a nivel enológico y por tanto de elaboración propiamente dicha). Por otro lado, en la cata vertical todos los vinos son de una misma bodega pero de diferentes añadas. No tiene por qué haber un patrón definido entre ellas; puede tratarse de añadas sucesivas, añadas excelentes, añadas muy lluviosas o las añadas que por la razón que sea, nosotros o la bodega lo estimemos oportuno, para así poder centrarnos en la relación (si es que existe) entre las diferentes cosechas y comprobar la evolución del vino conforme haya trascurrido el tiempo.

Los concursos suelen ser la parte del curso de cata más preciado por la competencia, por la satisfacción de acertar y por supuesto, por el premio. Todo concurso siempre debe llevar aparejado un premio. La idea es jugar a adivinar qué varietal es el que está presente en un vino (al principio será un vino monovarietal para no complicarlo demasiado). Otra opción es si un vino ha pasado por barrica de roble. El director de la cata comenta en primer lugar las características y propiedades que aporta un varietal determinado al vino. A continuación se sirven varios vinos de diferentes varietales, los alumnos los catan y cada uno en particular aporta por escrito su opinión. Finalmente se procede a desvelar el misterio. ¡No nos olvidemos del premio para los acertantes!

La parte más compleja de una cata es lo que se denomina una cata a ciegas: es decir, se trata de adivinar el mayor número de parámetros que definen un vino (tipo, crianza, varietal, añada, nacionalidad, denominación de origen, marca). El director de la cata habla de un tipo de vino y explica a los alumnos sus características. A continuación se sirven varios vinos sin que se pueda ver qué vinos son. Por ejemplo, para este ejercicio se podrían elegir vinos de diferentes varietales, los participantes deberán catar y elegir aquel vino que ellos crean que coincide con el varietal a localizar. Es el momento de mostrar las botellas y de que se hagan comentarios en grupo. Este ejercicio se puede complicar todo lo que se desee, pudiendo incluirse algún vino señuelo, que parezca lo que no es. Por último, siempre hay que premiar a los acertantes y felicitar al grupo por el trabajo realizado.

Puedes ver más ideas en aquí sobre la cata de vino

 

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